WIGOblog

Una iniciativa de creación literaria. Cuentos, microrrelatos y poesía.

SUEÑOS DE NIÑOS

–El cielo…el cielo… –Aún era temprano y no se podían ver las estrellas, de hecho, no veían más que un azul infinito sobre ellos– ¿Una nube? –Preguntó él, notando que no había ninguna.

OBITUARIO - JAIRO ANÍBAL NIÑO

Ha muerto un hombre cuya madurez fue inocencia. A quien los años no le sumaron adultez sino infancia; un hombre que regalaba bosques en cajas de semillas y veía flotillas enteras de barcos en charcos.

NEGRO

—Recostado sobre la cama miré a través de la ventana en la que apenas se proyectaba la luz de una escuálida luna opaca, seguramente por el paso de una nube —dijo el anciano con parsimonia, mientras ponía azúcar a su café. Luego de probarlo, continuó—

CONTENER EL ALIENTO

Contener el aliento,//Cerrar los ojos.//Recordar.//Intentarlo, al menos.//Recordar la valentía heroica,//la intrepidez diaria.//La infantil alegría,//la mañana clara.

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4 de diciembre de 2009

A la Mitad de una Frase

Hoy, a la mitad de una frase, se terminó la tinta del último de aquellos bolígrafos que  ya hace tiempo compramos juntos. Fue cuando sucedió, a solas con mi agenda en la biblioteca, que caí en la cuenta de como, poco a poco tus cosas, esas que alguna vez fueron nuestras y que te mantenían a salvo en mi memoria, lenta, sí, pero irremediablemente, se habían agotado, como agotada estaba la tinta que allí, en la hoja, se hundía agonizante en las fibras del papel.
Así como tu recuerdo, la otrora oscura línea con la que garabateaba mis apuntes, es ahora apenas un gris y entrecortado rastro plagado de vacíos, espacios huecos y en blanco. Una línea rota; solo un rastro. Una herida causada por una mano agresora con una punta de acero. Solo eso deja adivinar el frustrado intento de escribir. Un simple pliegue grosero. Una arruga.
Aún conservo el bolígrafo como en la agenda, la hoja. Pero si te empeñas en mantenerte lejos; en no ser línea sino espacio en blanco; en olvidar dejar rastro y ser solo herida, arrancaré la hoja y encontraré otra pluma, —un lápiz quizás—, y, aunque me duela, me desharé también de tu recuerdo.