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7 de junio de 2010
Célebre Discurso a los Respetados Pasajeros de un Autobús
—Las bendiciones no son iguales para todos —dijo él, justo después de saltar la registradora—, a cada uno de los que estamos aquí nos han tocado cosas diferentes; no a todos les ha tocado sufrirse la vida de la calle, (gracias por la ayuda), no a todos les ha tocado sentir frío en un andén mientras intentaba dormir cuidándose de los ladrones. Las bendiciones, señores pasajeros, son lo que a todos los que estamos aquí nos han traído a este bus y nos llevan rumbo al centro. Señores pasajeros, no digo que mi día a día sea más duro que el de ustedes, (tres en quinientos, cinco en mil), igual, solo coincidimos en este medio de transporte que nos hace a todos iguales, pero de todos modos mis bendiciones me tienen aquí, vendiendo dulces, y a ustedes allá, en su silla, rumbo a su trabajo. Cuando terminó de repartir sus dulces, continuó diciendo: Amigos, no les voy a inventar una historia sobre desplazados, ni tampoco les voy a decir que tengo a un hijo imaginario en algún hospital inventado. No me hace falta. Mi vida, como las de ustedes, ya es lo suficientemente complicada como para andar soñando más problemas de los que tengo, sin embargo, cuando las bendiciones son suficientes, el día puede empezar como hoy. Con un trabajo humilde pero honrado; con una salud fuerte, como los días que corren. De ustedes señores pasajeros depende que este día siga un buen rumbo, recuerden, uno en doscientos, tres en quinientos o, para su mayor economía, los cinco en mil. Las bendiciones no son iguales para todos, recuérdenlo…y recuerden también, tres en quinientos, cinco en mil. Gracias por su atención.








