WIGOblog

Una iniciativa de creación literaria. Cuentos, microrrelatos y poesía.

SUEÑOS DE NIÑOS

–El cielo…el cielo… –Aún era temprano y no se podían ver las estrellas, de hecho, no veían más que un azul infinito sobre ellos– ¿Una nube? –Preguntó él, notando que no había ninguna.

OBITUARIO - JAIRO ANÍBAL NIÑO

Ha muerto un hombre cuya madurez fue inocencia. A quien los años no le sumaron adultez sino infancia; un hombre que regalaba bosques en cajas de semillas y veía flotillas enteras de barcos en charcos.

NEGRO

—Recostado sobre la cama miré a través de la ventana en la que apenas se proyectaba la luz de una escuálida luna opaca, seguramente por el paso de una nube —dijo el anciano con parsimonia, mientras ponía azúcar a su café. Luego de probarlo, continuó—

CONTENER EL ALIENTO

Contener el aliento,//Cerrar los ojos.//Recordar.//Intentarlo, al menos.//Recordar la valentía heroica,//la intrepidez diaria.//La infantil alegría,//la mañana clara.

21 de noviembre de 2010

Tango Mishio del que no Sabe Hablar Lunfardo

Me dejás boleado,
con el bochín en batifondo,
con un behuen alborotao;
y una sonrisa batistela que
grita a mi alegría por todo el Bodegón.

Y tu, entre el  bramaje,
te borraste de mi vista,
entre otras bataclanas
mientras suena el bandoneón.

¡Ay de mí!
Mi calabaza calandraca,
no deja de dar vueltas;
solo piensa en ti no más.

¡Ay de mí!
Este camote es mí cafua,
y de ser un galan muy calavera,
hoy soy un cafisho, un gigoló.

Cuando de camino al bulín,
te veo pirarte con un buenudo,
que de burrero tiene mucho
pero va con uniforme de botón.

Ahora es claro que lo tuyo es el biyuyo,
que tu mundo es la academia,
que debo abrirme de tus pasos,
y con alpiste... otra mina he de encontrar.

16 de octubre de 2010

Una Llamada

El teléfono suena,
saludo, me hablas.
Respondo, tu callas.
Tu turno.
Ahora tu hablas.
Feliz, procuro callarme,
no interrumpir, no hablar,
elijo oírte, prefiero escucharte.


¿Tiempo?
¿Distancia?
No existen.
Es trivial lo que dices,
pero no hay más nada,
llegas a mí. Me llamas.
Como desde una foto, me miras.
Como una carta. ¡Son tus palabras!
Como ahora, en una llamada...
"¿Sigues ahí?" preguntas;
asiento,
no me ves —recuerdo—
Reacciono. Respondo.
"Si, dime"
Te despides, tienes prisa.
Yo escucho tu prisa
me lleva de golpe a mi sala,
Te aparta. te lleva lejos,
al otro lado de la línea,
a tu casa, a la calle,
desde donde me hablas.

Nos veremos mañana, me dices.
Estarás allí, pienso, para mi... allí.
¿Me esperas? —preguntas—
Saldré tarde, ¿Me esperas?
Iré por ti, y, vendrás conmigo.
Estaré contigo.

Cuelgas, y la distancia aparece.
Cuelgas, y ya todo existe.
Más gris, apartándote. De nuevo.
Pero ahora, ahora que cuelgas,
estamos allí, no aquí.
Ambos, aunque no lo sepas,
estamos en tu lado de la línea;
juntos, hasta que me traigas,
hasta que te traigas mañana
conmigo, contigo.

6 de septiembre de 2010

Obituario: Jairo Aníbal Niño



Estoy triste. Ha muerto un hombre cuya madurez fue inocencia. A quien los años no le sumaron adultez sino infancia; un hombre que regalaba bosques en cajas de semillas y veía flotillas enteras de barcos en charcos. Uno que dibujaba escuadras de aviones en el cielo, en ese cielo que son los brazos de las niñas de las que en el colegio cualquier escolar sencillo se enamoraba. Un hombre que nos recordó la alegría de querer; que revivió para nosotros las cartas que hicimos hace mucho, cuando esa niña de ojos azules como el cielo y cabellos dorados como el sol en la más brillante de las mañanas, nos miraba desde allá, lejos, desde el otro lado del patio, y nos dedicaba una sonrisa.
Aún podremos decirle a alguien que no busque más su cuaderno de geografía y recordaremos los limites de nuestra patria sabiendo más allá de toda duda que uno, inevitablemente, limitaba por donde fuera por ella, la compañera de escuela. Esa que nos sonrojaba; esa que a veces se llamaba María, quizás Paula, otras veces Liliana y otras Alejandra; que a veces era alta y severa, como una maestra, y otras solo una niña nueva que llegaba a la clase un afortunado 15 de Mayo, tan afortunado como cualquier primavera en esa fecha. Se nos fue Jairo Anibal Niño. No nos queda más que romper una lanza por ese pupitre vacío, por ese niño ausente. Por ese que en la ausencia de otros limpió la luna, reflejada en agua sucia, con el borde de su manga. Hoy es él el que nos falta. Y desde que se fue se hizo un poco más lejana nuestra infancia. Paz en su tumba.

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Colombia - Jairo Aníbal Niño
Colombia limita al norte con el mar Caribe ,
al sur con Ecuador y Perú;
al noroeste con la República de Panamá,
al oriente con Venezuela y Brasil
y al occidente con el océano Pacífico.
Yo, al norte, al sur, al noroeste,
al oriente y al occidente, limito contigo.

Supe que te amaba - Jairo Aníbal Niño
Supe que te amaba
-más allá de toda duda-
el día en que estabas
colocando un clavo en
la pared
y te golpeaste con el
m a r t i l l o
y a mí me empezó a sangrar
el dedo pulgar.

Y a mí qué me importa - Jairo Aníbal Niño
Y a mí qué me importa que
ya no me quieras.
¿Es que acaso no oíste
cuando hace seis meses,
dos días, cuatro horas,
quince minutos y tres
segundos,
te dije: —Hágame el favor
y me tiene mi cariño y
mi bufanda
que dentro de un rato vengo
por ellos.
Claro que no estoy negando
que hace seis meses,
dos días y cuatro horas, me
devolviste la bufanda.

¿Me haces un favor? - Jairo Aníbal Niño
—¿Me haces un favor?
—¿Qué clase de favor?
—¿Quieres tenerme mis
avioncitos durante todo
el recreo?
—¿Durante todo el recreo?
—Sí, es que tú eres mi
c i e l o .

En secreto - Jairo Aníbal Niño
En secreto
recogí el vaso en que habías
bebido
y lo llevé a mi casa.
Por las tardes, cuando llego
del colegio,
lo coloco bajo el grifo
y veo flotar un beso
en el agua.

Lección de música - Jairo Aníbal Niño
Do,
r e ,
m i ,
f a ,
s o l ,
l a ,
s i .
¿Sí?
S í ,
mi
s o l ;
s í .

Después de superar - Jairo Aníbal Niño
Después de superar
treinta y dos miedos y medio
por fin tuve el valor de
acercarme a ti
y decirte:
—Buenos días.
Y luego de un silencio que
duró medio miedo,
pude agregar:
—¿Verdad que está lloviendo
mucho últimamente?
Después de superar
treinta y tres miedos
por fin tuve el valor de
acercarme a ti
y junto al buenos días
ofrecerte una bolsa de
palomitas de maíz.
Espero que te hayas dado
cuenta
de que por lo menos una de
las palomitas era
mensajera.

1x1 - Jairo Aníbal Niño
¿1x1?
—Uno.
¿1x2?
—Todo.
¿Todo?
—Sí; si los dos se
tienen cariño.  
Te has ido - Jairo Aníbal Niño
Te has ido
Y una luna sucia flota sobre el agua
Te has ido
Y ya no me queda nada por hacer;
Solamente meterme al lago,
Coger con cuidado a la luna sucia
Y limpiarla con mi manga.

31 de agosto de 2010

De Una Mujer con Ojos de Sol


Descansa sobre la almohada, descansa.
Deja al sueño que sea y repare. Desciende.
Que mientras sin rumbo flotas, agotada,
Todo mal te pierda pista y no te encuentre.

Que en tu sueño a tu vera vengan,
presurosos, millonarios besos,
y te cubran toda, como abrigo,
libre de angustias, de dolores y de olvidos.

Que el mal aire que tu pecho alberga, marche.
Sea él, abatido por prodigiosa cura, quién salga.
por armas, canciones y caricias, vida;
que siempre en la voz de una madre vibran.

Y al final, al abrir los ojos la mañana,
Allí, cuando las aves vuelen,
cuando el ave cante y el río baje,
la luz ya no será de sol, sino de ojos.
De ojos de mujer recuperada.


1 de agosto de 2010

Un Trocito Ruinoso de Esperanza

Es preciso, dijo ella mientras limpiaba un retrato antiguo, que no olvidemos lo ocurrido. Todo aquello que nos dijeron los espejos. Todo lo que no sobrevivió a la inundación; lo que ya no existe, el lujo y el desastre que la prosperidad nos trajo. Tus risas y las mías. Tu llanto y el mío. Y es preciso, insistió, porque sino tratamos de recordarlo, porque si intentamos creer que no pasó, no sabremos nunca valorar la felicidad de nuestro sencillo destino; porque si lo olvidamos, quizá no sonriamos con el brillo del cristal, añorando el diáfano reflejo del diamante que ya no existe.
Él apenas si la veía, pero la escuchaba con atención. La luz de sus ojos fue otra cosa que el tiempo se había llevado. Es una idiota, pensó. Siempre viendo el vaso medio lleno, cuando el vaso lleva años roto. Es una ilusa, decía para sus adentros. De qué vale el brillo del cristal, cuando todo brillo es negro... Sin embargo, el amor lo tenía allí y aunque no comprendía bien cómo su destino se había ido a la mierda y lo había dejado ciego y pobre, sucio y tirado en medio de un barrio que se inundaba cada vez que llovía, pensaba en la fortuna de tener a aquella mujer que deshecha por el tiempo, la pobreza y la desgracia, se las arreglaba para regalarle día a día un trocito ruinoso de esperanza.

20 de junio de 2010

Amor y no Amor

Nada hubo, Nada hay, Nada somos.
¡Ay de los  recuerdos de aquellos que creyeron!

Se quedaron sin esquinas los trapecios
Y sin sentido se intercambian las miradas
Sin líneas las cartillas y los libros,
Y sin sonidos ahora vuelan las palabras.

Nada hubo, Nada hay, Nada somos
¡Ay del mundo de aquellos que creyeron!

Se perdió la estabilidad de las paredes,
Y desaparecieron  de los huecos los vacios,
Fuiste, más hoy y ahora ya no existes,
Dueña ya no eres ni de lunes ni domingos.

Nada hubo, Nada hay. Nada somos
¡Ay de las ilusiones de aquellos que creyeron!

En esta  masiva desaparición de soles,
Ya ni guardia hace la luna en las ventanas,
Todo olvido cuando veo que me olvidas,
Ya no hay nada ahora que te marchas.

Nada hubo, Nada hay. Nada somos
¡Ay de los sueños de aquellos que creyeron!

Ay del corazón de aquellos que creen,
Rotas verán todas sus esperanzas,
No importando cuanto tiempo las alberguen
El invierno, frio y cruel, despacio las desgaja.

Nada hubo, Nada hay. Nada somos
¡Ay del tiempo de aquellos que creyeron!

¡Ay del recuerdo, de los sueños y de las ilusiones de aquellos que creyeron!
¡Ay del recuerdo, de los sueños y de las ilusiones de aquellos que creímos!
Roto en nuestro pecho ruinoso un corazón late,
Rota y desastrada nuestra mente en el mundo estriba.

Más indeseables son esas noches de sosiego,
Y esos días de angustia y hastío, beneficio,
Preferibles, a malvivir sin ser alguna vez amado;
a mal morir, sin nunca en el amor haber creído.

Nada hubo, Nada hay, Nada somos
¡Que buen vivir tuvieron quienes con razón y corazón el amor han vivido!
Nada hubo, Nada hay, Nada somos
¡Ay del recuerdo, de los sueños y de las ilusiones de aquellos que creímos!

7 de junio de 2010

Célebre Discurso a los Respetados Pasajeros de un Autobús

—Las bendiciones no son iguales para todos —dijo él, justo después de saltar la registradora—, a cada uno de los que estamos aquí nos han tocado cosas diferentes; no a todos les ha tocado sufrirse la vida de la calle, (gracias por la ayuda), no a todos les ha tocado sentir frío en un andén mientras intentaba dormir cuidándose de los ladrones. Las bendiciones, señores pasajeros, son lo que a todos los que estamos aquí nos han traído a este bus y nos llevan rumbo al centro. Señores pasajeros, no digo que mi día a día sea más duro que el de ustedes, (tres en quinientos, cinco en mil), igual, solo coincidimos en este medio de transporte que nos hace a todos iguales, pero de todos modos mis bendiciones me tienen aquí, vendiendo dulces, y a ustedes allá, en su silla, rumbo a su trabajo. Cuando terminó de repartir sus dulces, continuó diciendo: Amigos, no les voy a inventar una historia sobre desplazados, ni tampoco les voy a decir que tengo a un hijo imaginario en algún hospital inventado. No me hace falta. Mi vida, como las de ustedes, ya es lo suficientemente complicada como para andar soñando más problemas de los que tengo, sin embargo, cuando las bendiciones son suficientes, el día puede empezar como hoy. Con un trabajo humilde pero honrado; con una salud fuerte, como los días que corren. De ustedes señores pasajeros depende que este día siga un buen rumbo, recuerden, uno en doscientos, tres en quinientos o, para su mayor economía, los cinco en mil. Las bendiciones no son iguales para todos, recuérdenlo…y recuerden también, tres en quinientos, cinco en mil. Gracias por su atención.

Monólogo para una Mujer que se Oculta

¿Cómo te puedo explicar eso que eres para mí? ¿Cómo explicarte que eres esa buena noticia que no acaba de llegar? Cómo explicarte que eres como un día que ya casi despunta y del que ya se siente el calor, pero que no termina nunca de iluminar. Algo así como un mediodía a medias o una sonrisa inconclusa. No tengo aún las palabras precisas... Pero puedo decir que eres como una sombra que se alarga y que al intentar encontrar su origen se vuelve interminable. Infinita. Eres como un coche que no termina de encender o un libro inacabado. Pero, sabes, no es casual que seas eso extraño para mí. Es en virtud de tu incapacidad de llegar a mí, aunque yo intente en vano alcanzarte. Eres como esa playa remota del náufrago que mientras se ahoga, nada contracorriente: como el autobús que se marcha cuando ya se ha corrido varias cuadras en su búsqueda ¿Por qué te niegas a ser alcanzable y te haces estrella en tierra, brillante y lejana, visible pero intocable? Quizá la respuesta está en tu naturaleza, evidente para muchos pero oculta para mí; propensa a no estar nunca propensa; capaz de incapacitar a otros en tu búsqueda. Quizás por eso hoy no me sorprende no verte aunque te vea, sino que me pillas de sorpresa en mí recuerdo. La verdad, allí, donde soy creador de tu naturaleza; donde yo te busco y te encuentro sin que ningún dios o ninguna fuerza me tenga que auxiliar, allí te prefiero. Y es así, porque al menos en ese lugar que no existe es en el único en el que tú, real y definitiva, estás para mí. Donde encuentro la mejor versión de ti, una que no has sido, una que no eres y que no serás nunca tú.

13 de mayo de 2010

El Espejo o La Duda

Siempre me he preguntado que le puedes decir a alguien que tiene ojos de perro abandonado. Esos ojos mustios que se ocultan tras un velo que alguien bordo con lagrimas dicen tanto y de forma tan breve que exigen casi a gritos una respuesta. Es cierto, la angustia, la tristeza, el desamparo y la desesperanza siempre suscitan más interrogantes que la felicidad, la dicha o la buenaventura. Además de soportar el sobrecogedor sentimiento de la pena, esos ojos tienen que llevar a cuestas un abrumador cargamento de preguntas. Sí, es un hecho. Siempre he querido saber que se puede responder a alguien que te hace callar sin decir nada; que consume tu aliento solo levantando la mirada. Siempre me he preguntado que le puedes decir a alguien que tiene ojos de perro abandonado. Pero es más grave aún cuando esa mirada que te calla, que te sorprende, que de triste te suscita cierta reverencia, cierta piedad y que por sórdida, e incluso por sombría, deja un vaho de podredumbre en el ambiente llega hasta ti asomada lánguidamente en el reflejo de un espejo.

8 de mayo de 2010

Verde

Sentada en el prado Mariana veía como aquél chopo se mecía con el viento. Lo hacía como siempre, como todas las tardes desde que cambió su apartamento en la ciudad por la casita de campo en la que vivía. El cambio le había sentado bien, ya podía dormir sin pastillas y no tenía que pensar tanto en que ponerse para salir. Ya no había más autopistas ni atascos, pero lo mejor —pensaba ella— era esa pradera que daba al horizonte, interrumpida solo por el alto chopo bailarín que se mecía para ella todas las tardes. Mariana iba en su bicicleta roja y destartalada por el caminito, donde se cruzaba con algún campesino de sonrisa fácil de los que saludan alzándose el sombrero, y llegaba a aquella postal que hasta ese día pensó que solo ella disfrutaba, al menos eso pensaba hasta ese día. A lo lejos había alguien, un chico con una sombrilla negra que miraba al mismo lado, ella se acerco a él y tan alegre como la el paisaje invitaba a estar, sin mucho protocolo se sentó a su lado y lo saludó:

 —Hola, es bello el paisaje ¿verdad?
 —Si, de veras lo es —dijo él acomodándose las gafas, sin parecer muy sorprendido, añadió— pero, ¿Te has fijado en el viento?
 —¿El viento? —Preguntó Mariana algo desconcertada pero con la mirada fija en el chopo—
 —Si, el viento, te has dado cuenta como hace hablar al prado, parece que le diera voz... Como si fuera un rumor que crece.

 En ese momento el viento golpeó a la pareja. El largo cabello de Mariana se meció como lo hacia el largo pasto de la pradera acariciando por un momento la mejilla del chico.

 —¿Ves? —Preguntó él— Hasta tu cabello baila durante la charla.
 —No lo había pensado así —respondió Mariana y mirando al chopo suspiró— pero tienes razón... ¿Qué dirá?
 —No lo sé. Pero ha de ser algo o muy bueno o muy malo...
Girando la cabeza, mirándolo, Mariana preguntó: —¿Por qué lo dices?
 —Mi madre, que era muy sabia, decía que así son los rumores, empiezan por algo mínimo, algo muchas veces ridículo, y que de repente sin que nadie lo planease —dijo acomodándose de nuevo las gafas—, causan un ruido ensordecedor...
 —Pero no creo que sean malas las cosas que pueda decir el viento en este lugar —repuso ella—, al menos no hoy... por lo menos no ahora—. El chico sonrió y en tono insinuante agregó:
 —Quizás tú eras el rumor del viento…

 Mariana no pudo evitar sonrojarse, agachándose, escondida en su cabello lo disimulo, según creyó ella, con éxito. Enseguida, él preguntó:

 —¿Cómo te llamas?
 —Mariana —Dijo ella con un hilo de voz—, ¿y tú?.
 —Esteban, —y alzando la mano en un gesto muy casual, saludó— Un placer. Sabes Mariana, tienes razón, el viento, al menos este viento no puede decir cosas malas. El prado es el que nos habla aquí y debe estar tan verde que no puede transmitir más que esperanza.
—Sí, de veras es muy verde... Yo vengo aquí porque me siento tranquila... quizá ese sea el mensaje del viento.
—Sí, quizá —asintió él, enseguida añadió—, tal vez tú seas el mensaje del viento para mi... quizás.

El sol se empezaba a ocultar alargando la sombra del chopo casi hasta donde se encontraban ellos.

 —Es hora de irse —dijo Esteban sin muchas ganas—.
 —Sí, es una pena —replicó ella con el mismo animo— ¿vives cerca?.—preguntó—.
 —No, pero podría. ¿Y tú?
 —Sí, vivo solo a unos minutos de aquí —respondió intentando comprender la respuesta—, ¿quieres tomar un café?

Esteban asintió y tomando su bastón se levantó. Mariana no lo había notado, solo en ese momento comprendió  el sentido de los lentes. Juntos se fueron caminando muy despacio charlando sobre el viento y lo verde que es. Tanto como una esperanza... Quien sabe que sorpresa depararía el café.