11 de noviembre de 2009

Superhéroes

La paciencia es en definitiva una virtud heroica. Sin embargo, es preciso apuntar que nuestros héroes contemporáneos, los que se ven ahora en TV o cine, no destacan por esperar a que pase algo sino que, todo lo contrario, tan obstinados como superdotados, se lanzan en cualquier aventura sin detenerse a analizar la situación a la que se enfrentan. Ellos, los héroes, o tienen una mítica capacidad de comprensión de la realidad tan heroica como lanzar fuego con los ojos y no calculan las consecuencias de sus actos porque, como decía el más heroico de todos, todo “estaba fríamente calculado”, o los guionistas y escritores de sus historias los han dotado de una impaciencia innata, heredada de los tiempos que vivimos. ¿Dónde quedó la homérica espera de Aquiles quien paciente y constante sitió Troya durante diez años? ¿Dónde están las sucesoras de Penélope? Es triste admitirlo, pero han cambiado tanto las cosas que lo “heroico”, que según el diccionario es algo “propio de un héroe o relativo a él; acto de gran valor, de nobles virtudes y sacrificios elevados que realiza una persona” queda apretujado en millones de oficinas, calles y hogares sin la más mínima recompensa. Sí, es cierto. Ahora aquellos que tienen este tipo de virtudes dedican su tiempo a estar frente a un escritorio viendo como con una lentitud proverbial se llena una barra de descarga en la pantalla de un ordenador tan viejo como lo permita Windows XP; otros se dejan horas haciendo filas, solicitando auxilios, subsidios o hipotecas para intentar vivir y no solo sobrevivir. Son pacientes en medio de situaciones desesperantes e incluso desesperadas. Vivimos el absurdo en lo cotidiano. Es más heroico un tipo que lleva una doble vida, una sosa de periodista torpe y otra de superhombre volador e invulnerable, que una mujer sencilla, con un trabajo mal pagado y absorbente, en una casa poco menos que ruinosa, que sostiene a dos hijos -¡felices además!-y los manda al colegio todos los días sin irse a la cama sin cenar. Tan contradictoria es, que más heroico un tipo sin amigos que hace telarañas y combate villanos trastornados de personalidades imposibles, que dos personas comunes que mantienen a flote una relación sobrellevando y corrigiendo sus defectos durante décadas. ¿Es paradójico, no? Que los héroes de verdad se sienten a nuestro lado en el autobús sin despertar un ápice de atención mientras otros, superhombres y supermujeres imposibles impulsados por la magia de los efectos especiales, sean promovidos a ilustres ciudadanos sin ni siquiera ser reales. ¡Así es nuestro Mundo! Un lugar donde muchos prefieren creer que un ilustre vecino de Ciudad Gótica o Metrópolis los puede venir a saludar antes de estrechar la mano de su propio vecino. No pretendo negar la idea de héroe tiene un papel simbólico importante como idealización de algunas cualidades humanas pero, ¿Son en verdad los héroes de hoy un modelo a seguir?

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