28 de enero de 2010

La Tenacidad Del Bogotano y La Fortaleza Del Madrileño

Día y hora, Lunes, 6:46 AM. Lugar, Calle 26 a la altura de la Gobernación de Cundinamarca. La fila de carros avanza con lentitud. Un niño llora en un autobús mientras el conductor tararea el vallenato que, carraspeado por los viejos altavoces, suena en la radio. Una señora de forma increíble adelanta en su auto unos cuantos metros y, adivinando la espera, empieza a maquillarse con ayuda del retrovisor. Afuera, en la calle, hace frío. Una típica mañana bogotana. En los carros, hace calor… En los autobuses, tanto que es insoportable. Una nube de humo y polvo se levanta sobre la ciudad y ni los peatones, ni los vendedores y mucho menos los conductores lo ignoran. Muchas personas corren a lado y lado del puente que atraviesa esta importante avenida. Tramitadores, abogados, estudiantes e incluso militares y policías son parte del paisaje. Todos tienen algo en común. Van tarde. El trancón, como se suele llamar en Colombia  a los embotellamientos, es descomunal y retrasa los planes de todos los que intentan moverse por allí, indiferentemente si van a pie, en coche oficial o en autobús.
— ¡Está tenaz! —Dice a un amigo por el móvil la mamá del niño que llora. Luego añade—. Si… que si... Qué yo salí a tiempo…  No sé, como quince minutos y no nos hemos movido… No, no sé, espero que no… Pero es que parece que se estrelló un carro… o no sé. Total: ¡Esta tenaz!
Día y Hora Lunes, 7:46 AM. Lugar, Coche de metro de línea 6, en algún punto entre las estaciones de Cuatro Caminos y Guzmán el Bueno. El metro a  reventar, como es habitual el primer día de la semana, colmado de gente de todos los colores, edades, profesiones, destinos y nacionalidades. En una de las bancas de cuatro puestos, están sentados un ecuatoriano con su hija en las piernas, un anciano español, una delgada y rubia rumana, y un colombiano. Alrededor de ellos una plétora de jóvenes universitarios —la estación de la ciudad universitaria es solo dos estaciones después— y de oficinistas. Muchos de ellos tienen reproductores Mp3 o móviles que usan para escuchar música durante el viaje; otros solo conversan, muchos otros leen y otros intentan, en medio del apicassado paisaje que recuerda por su atropellado orden al Guernica, dormir una placida siesta. Sin embargo, el “orden” se rompe cuando por el altavoz un hombre, el conductor del metro, anuncia con parsimonia:
—Por motivos técnicos  la línea seis presta su servicio a una velocidad más lenta de lo normal.
— ¡Qué fuerte! —exclama uno— Hoy si madrugue ¡Y mira!...
—Solo madrugas para los exámenes e incluso a ellos llegas tarde —respondió una voz femenina—, luego tenemos que darnos caña porque el examen no es en la clase, sino al lado de la oficina de Mercedes.
— ¡Madre mía! Eso está lejísimos… ¡Y yo que iba a salir más tarde!
Una voz, ya no del conductor sino una femenina, vuelve a resonar y sin pedirlo, todos guardan silencio para escucharlo:
—Señores pasajeros, Metro de Madrid informa, que por motivos técnicos el servicio entre las estaciones de Cuatro Caminos y Príncipe Pio sufre un retraso de más de 30 minutos.
— ¡¿Más tarde?!... ¡Qué fuerte me parece!—Exclamó la chica—. ¡Ya no alcanzaremos al examen!
—¡Joer… Este si me lo había preparado!...
Hay veces que no es que el tráfico sea solo insoportable, o el llanto de un niño desesperante, o una canción insufrible; hay veces en que no es que el metro solo esté atestado, o que no se esté preparado para un examen. Hay veces donde pasa todo. Nos pasa todo y, además, todo junto. Es en momentos como esos, fuertes y tenaces, donde se prueba de que pasta están hechas las personas; Cual es en realidad su capacidad de reponerse a los problemas y seguir adelante. Ahí, cuando la situación “¡Está tenaz!” y la lentitud del metro nos hace, si no decirlo, al menos pensar “¡Qué fuerte!”… En detalles tan simples como tener una palabra fija para describir algo complejo, es donde se ve lo grandes que nos hacen nuestras ciudades de origen. Quien dijo que una imagen vale más que mil palabras no conoce ni la tenacidad del bogotano, ni la fortaleza del madrileño. Para los dos, una palabra vale más que mil imágenes.

2 ya dijeron que pensaban. ¿Y tu?:

¡Muy buen escrito! He pasado a saludarte, y me hice seguidora ayer.
Un besooo

Muchas gracias por tu opinión, no he podido revisar muy bien el tuyo pero lo haré, es una promesa. Gracias por hacerte seguidora, un abrazo.

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