Cerré la puerta despacio, sin hacer ruido. Volví a mi cama y dije susurrando a mi hermana:
—Eh, Ana, Los he visto…
—¿Los has visto? ¿A quiénes?
—¿A quiénes será…?… ¡Pues a los reyes, zopenca!
—¡Hala! ¿Y cómo son?
—Pues… la verdad solo he visto a uno… y era clavadito a Papá.
—¿Y me dices Zopenca? …¡Son nuestros padres Julián!
Cuando dijo eso, guardé silencio, lo pensé y sin darme cuenta, me quedé dormido. Al día siguiente pedí a mis amigos sus cartas para los reyes: Al fin y al cabo, eran mis padres.
—Eh, Ana, Los he visto…
—¿Los has visto? ¿A quiénes?
—¿A quiénes será…?… ¡Pues a los reyes, zopenca!
—¡Hala! ¿Y cómo son?
—Pues… la verdad solo he visto a uno… y era clavadito a Papá.
—¿Y me dices Zopenca? …¡Son nuestros padres Julián!
Cuando dijo eso, guardé silencio, lo pensé y sin darme cuenta, me quedé dormido. Al día siguiente pedí a mis amigos sus cartas para los reyes: Al fin y al cabo, eran mis padres.




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